Tomar los retazos de lana en el piso,
bordarlo y cobijar la más fría madrugada.
Esa madrugada dulce de olor a papaya.
Golpeada a puñetazos por melancolía e ira.
Y es que ya no tengo voz y no tengo ganas.
Quebré cada nota al oído, me quedé sin palabras
y desgarré sin querer del bueno mi garganta.
Desaté los cordones, saqué mis faldas,
no lavé mi cara y aún así no estabas.
Y nuevamente me quedé sin voz y sin ganas.
No levanté más su falda... De madrugada,
con frío y olor a papaya.
No levanté más su falda...
Hay que solubilizar lo insoluble, mezclarlo, agitarlo y beberlo... de madrugada.!!

