sábado, 27 de febrero de 2010

De lo cotidiano... Prohibido mencionar


Para reflexionar vasta evocar lo vivido, sentarse sereno y meditar.
Prohibido mencionar refleja el silencio de miles que como yo han callado por miedo. Algunos hasta las cosas más frívolas y ridículas, otros golpes brutales de la vida.

Lo pasional 

I
Y heme aquí, frotando mis manos, desnudo ante tí. Únicamente me detiene la posada arquitectura de tu esbelta figura, es mi necesidad admirarla. Volvierase ella un monumento, de aquellos, los famosos, de los que podría escribirse un completo repertorio musical. Ahora he detenido mis manos para proceder... pero me detiene el golpe del tono más fuerte de la melodía en la rocola. Recojes tus pies descalzos y deslizas los párpados al sur para deleitarme con la mirada. Y detono el palpitar más agudo que guardo en mi corazón y no conozco. Subo guiado únicamente por mis labios para encontrar tu boca. Al fín he logrado encontrarla. Subo mis manos que van acariciando la carne !fresca! De seda se inunda el limbo de nuestro lecho porque a nosotros sólo nos cubre el sudor y el pecado.

II



Detrás de aquella oscura nube hay un sol radiante. Sí... ahí está... Sólo basta dejar que la nube llore para que el sol nos queme.

Recuerdo las noches de luna y resbalan lágrimas por mi rostro. No significa que la luna me acosara, me acosaba una de las heridas que me hice cuando terminé con aquella vida... Mi vida.
Las noches espesas calmaban un poco mis nervios, por que el miedo me enloquecía en noches claras. Confieso que no es natural tener miedo de las noches claras, pero es que las espesas eran más románticas.

Nuestras manos sudaban tal y como lo hacía el resto de nuestro cuerpo. Los labios se deformaban con cada beso y la ropa se hacía cada vez más pesada y era imposible cargarla. Cada una de las bocas tomaba ahora su propio rumbo en los mapas carnales. Los párpados caían y el cabello danzaba. Líneas y líneas de piel se confundían en la inmensa oscuridad. Las palabras se perdían con el jazz y los golpes cuerpo contra cuerpo.

Detrás de aquella nube ¿sabes?... Yo soy el sol radiante, enamorado... Deja que la nube llore para poder quemarte.

martes, 23 de febrero de 2010

El dolor de la carne

Sembraré de espinas mi sendero,
para arrancarme retazos de piel
y dejarlos ir mientras desangro
mi agonía.

Recogeré las migas de aliento
que dejaron los valientes
y soltaré mi cabello al viento
para que sea él quien bese la brisa.

Entonaré la canción que mantengo
aún retenida con lágrimas en
mi garganta.
Tomaré el filo de mi carne
y la amargura de mi seno
y desdibujare su repulsiva sonrisa.

Y de mi puño nacerán astillas,
las que cosecho en el alma
y con ellas escribiré mi poesía.

Para usted señora...
No recuerdo su nombre
pero si su dolor

miércoles, 17 de febrero de 2010

Pasión

"Él la miró… Cual si fuera una fruta a edad madura él la desnudaba con sus manos temblorosas y frías. Ella lo miró… y de igual forma la niña lo despojaba de sus ropas de manera calculada y apresurada. Parecía que se amaban con locura. Las caricias se volvieron fuego, fuego que arrancaba la carne, los besos destrozaban los labios, la piel pálida de la niña se teñía del color marrón de aquel indígena. Sus ojos casi cerrados dibujaban las líneas de aquel placer tan excitante. Él se enamoró de la tierna figura de aquella inocente que había llegado llena de recuerdos y ambiciones. Ella se había enamorado de los robustos brazos de aquel dueño de la patria. La verdad sí se amaban..."

A la vana ilusión



Trazaré líneas en verso como un
poema que fuera quimera…
¡Y me entregaré al sol en el alba!
Y por el amor… moriré cuando
lo sienta marchito.

Dejaré que la brisa me acose
y desistiré ante el hurto del llanto
de cielo… Pero el rezagado…
El que baña y no golpea.

Procuraré no despertar todavía…
Antes… me confundiré más…
Pensaré que es real y me cederé
a la ilusión…

Omitiré los detalles insípidos
y sin más me convertiré en mentira
y pecado…

¡Vanidad!... ¡Nociva!

Escribiré aunque ilusorio: un poema…
Así quizás me pierda de los detalles
diarios y frívolos…

Pero no permitiré que el falso amor
me deje y no regrese jamás…

Una historia sin rumbo


Miles de años hace ya caminaba bajo la plena luz lunar un caballero de gruesa figura, su nombre: Edinor. Su tez era pálida casi espeluznante, sus brazos largos y fuertes semejaban gruesos trazos de lápiz en las sombras, sus ojos iban cerrados porque él los mantenía así cuando soplaba la brisa, sus labios se deformaban cada vez que una estrofa de aquella vieja canción rebotaba en su cabeza, sus piernas mecánicamente se movían en línea con sus brazos y armónicamente formaban a Vitrubio sin mucho esfuerzo.
Pero ese caballero que caminaba bajo las sombras y la escasa luz parecía ir sin destino. Parecía no conocer su rumbo, pero de igual manera sus pasos eran firmes y la convicción de su mirada cuando dejaba ver sus ojos hacía a cualquiera impotente ante algún comentario de duda.
Llegó al borde de un barranco y sin más se dejó ir entre las copas de lo árboles que se observaban desde aquel borde. ¡Loco! Jaja jaja se lanzó sin más… ¡Loco!
Eso hubiera pensado yo si hubiera estado ahí, pero nadie estuvo. ¿Qué sería de aquel pobre cuerpo en su descomposición? ¿Quién lo atendería? O peor aún ¿Quién comería de aquella carne si el pobre hombre estaba loco?
¿Por cuántos metros habría caído? ¿Qué habría sentido?
El pobre loco, perdón, el pobre hombre habría caído quizás por 150 metros de áspero barranco, o posiblemente su cuerpo se destrozó contra una roca o la raíz de un árbol, o por qué no el pobre viejo fue cazado por algún animal mientras caía.
Lo único seguro era que el hombre había muerto de locura, no había otra explicación, ni siquiera los golpes eran tan fuertes para darle muerte a aquel desquiciado, ese hombre había muerto por loco y no había otro diagnóstico.
Pero ahora sería imposible saber a donde iba ese hombre sin rumbo. Nadie caminaba ya por aquel bosque.
Esperen…
Ese hombre se había lanzado al barranco pero nadie había asegurado que estuviera muerto, así que podía estar vivo… aunque la verdad era que se necesitaba de un milagro para sobrevivir a tal caída. Pero los milagros existen y es así como en los albores del año… Es así como muchos años después en el rancho Sangre Sagrada se vio caminar a un hombre igual al loco que se había tirado aquel día por el barranco. Las mismas características físicas pero esta vez algo deformadas.
De igual forma a la que caminaba aquel día por el bosque, esta vez Edinor también parecía no tener rumbo, es más, el hecho de que este hombre estuviera en aquel rancho era puro destino.
Caminaba, caminaba y caminaba, eso era lo único que hacía. No se detenía. De un momento a otro ese hombre desató su feroz locura y corrió hasta estrellarse contra los corrales. ¿Quién podría explicar el deseo de aquel loco por morir?
Aún así no lo conseguía, seguía vivo…
No lograba entender la relación entre aquella idea que me estaba torturado y la historia que yo mismo me había figurado.
Un poco de palabras desproporcionadas y la historia de un hombre loco que sólo pensaba en morir...