martes, 23 de febrero de 2010

El dolor de la carne

Sembraré de espinas mi sendero,
para arrancarme retazos de piel
y dejarlos ir mientras desangro
mi agonía.

Recogeré las migas de aliento
que dejaron los valientes
y soltaré mi cabello al viento
para que sea él quien bese la brisa.

Entonaré la canción que mantengo
aún retenida con lágrimas en
mi garganta.
Tomaré el filo de mi carne
y la amargura de mi seno
y desdibujare su repulsiva sonrisa.

Y de mi puño nacerán astillas,
las que cosecho en el alma
y con ellas escribiré mi poesía.

Para usted señora...
No recuerdo su nombre
pero si su dolor

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